DSCN0986

Anuncios

Atardece en Zahara

Cactus y Globo (I)

Había una vez un cactus verde y hermoso que vivía en mitad de un desierto perdido. Perdido, pero no para aquellos que conocían la leyenda de la selva tropical que se ocultaba tras los espejismos que llamaban la atención de curiosos y malhechores. Cactus era el guardián de aquella joya del planeta, el pulmón secreto de la Tierra que estaría dispuesto a salvar a todas las especies si impedía que la humana llegase a él y lo destruyese con su avaricia y gen conquistador innato. Como todo guardián, Cactus estaba provisto de un arma infalible, capaz de acabar con todo aquel que quisiera llegar a la llave que abriría las puertas de aquel paraíso natural; sus púas de acero custodiaban todo aquello y nadie era capaz de descubrir cómo llegar hasta su interior sin salir lastimado por sus púas.

Cactus estaba orgulloso de poder cumplir con el trabajo de generaciones y generaciones de guardianes, pero poco a poco la soledad del ganador se fue apoderando de él… Oía cómo animales y vegetales disfrutaban en armonía a sus espaldas mientras él mantenía la mirada fija en el horizonte, capaz de adivinar cuántos granos componían el desierto que lo rodeaba. Los años pasaban y poco a poco fue perdiendo su interés en su misión y cada vez más se maldecía a sí mismo cuando alguien se hacía daño con sus púas con tan sólo rozarlo. Era hermoso, pero peligroso, y él lo sabía, cosa que le fue entristeciendo y apagando por dentro.


Érase una vez un globo a un niño atado. Un globo rojo y redondo con una cita que lo sujetaba y alargaba su figura conforme se prolongaba en el cielo. Globo era sensible y juguetón, desde pequeño soñaba con salir de la bolsa en la que vivía con sus hermanos para crecer y hacer que los niños del mundo sonrieran con sólo verlo. Un día, en una feria medieval, Globo permanecía expectante junto a sus compañeros de trabajo esperando llegar al corazón de un niño que supiera valorarlo con toda su imaginación. Tenía el presentimiento de que aquel día podría echar a volar en otras manos y… así fue.

Eric, un niño de 5 años, vio a Globo desde lejos cuando salía de ver un espectáculo de malabares y no dudó ni un segundo en salir corriendo hacia el puesto de globos donde Globo le esperaba con los brazos abiertos. Fue algo increíble, saltaron chispas cuando la cinta de Globo se posó sobre la muñeca de Eric, química absoluta. El pequeño presumía de su nuevo amigo hinchable, le pintó los ojos y una sonrisa para que los adultos pudieran reconocer lo que él veía a través de sus ojos de niño.

Globo no podía ser más feliz, había encontrado a su compañero de juegos ideal y lo quería muchísimo. Miles de aventuras se avecinaban para Eric y Globo que iban juntos a todas partes desde el día que se conocieron. Y el tiempo pasó, recuerdos se crearon, fotografías imborrables en la memoria y una amistad casi única que duraría lo suficiente para ser eterna.

 

SICAB Sevilla 2017

IMG_20171115_185657

La semana pasada asistí por primera vez al Salón Internacional del Caballo de Sevilla, el cual estuvo vigente del 14 al 19 de noviembre en las instalaciones del Palacio de Congresos de Sevilla Este (FIBES).

Desde niña siempre he tenido una gran pasión por los caballos, todavía recuerdo cuando mi abuela nos contaba cuentos antes de dormir haciendo de nosotros los protagonistas de la historia: tres caballos, uno para cada nieto, el mío siempre era el caballo marrón mientras que mi hermano cabalgaba sobre el blanco y mi primo en el negro. Tal vez el color representase no solo nuestras preferencias sino algo de nuestra personalidad que ella ya atisbaba. Recuerdo como si fuera ayer su voz susurrada relatando el trote de los tres primos por un gran prado verde.

El Salón Internacional del Caballo, también conocido como SICAB, es más que un evento ecuestre para aficionados, es todo un espectáculo para profesionales, amateurs e incluso curiosos que no entienden de la materia. Con más de 50 stands de artículos de hípica en las instalaciones del recinto, también cuenta con diversas actividades a lo largo de los días, finalizando con un espectáculo que muestra la historia de la doma ecuestre y algunas de sus tipologías: la doma clásica, la doma en libertad, etc.

IMG_20171115_212302

Durante los días que tiene lugar esta feria del caballo español, se realizan diferentes actividades para todos los públicos que finalizan con un espectáculo el cual cambia cada edición pero es el mismo cada día.

En esta ocasión, hemos podido ver la historia de un mayoral y su pasión por los caballos y cómo se desarrolla el entrenamiento para la doma y posterior cuidado, pasando de generación en generación. Además, también hemos disfrutado de carreras de cuadrigas, espectáculos de pequeños jinetes con sus caballos y el broche final venía de la mano de LORENZO, el «enfant sauvage» del sur de Francia que hoy en día es conocido en todo el mundo por «el francés volador» debido a su espectáculo de doma en libertad.

Las entradas se pueden adquirir a través de la página web oficial del SICAB ( Entradas ) y dependiendo de los días es necesario o no adquirir por separado la entrada al recinto + la entrada al espectáculo nocturno. En cuanto a la hora de seleccionar los asientos para el espectáculo final os recomiendo los sectores A y B. En cuanto a los asientos, eran los típicos de gradas de estadio de fútbol por lo que la primera fila podías disfrutar de la amplitud del pasillo y estirar las piernas e incluso pasearte sin problemas para ir al servicio o comprar un refresco, además de que cuando finaliza el espectáculo y hacen la vuelta de honor todos los participantes, puedes acercarte sin problemas a la valla y gozar de un contacto privilegiado. A la hora de la visión del espectáculo, hay pantallas a ambos lados de la pista para no perder detalle, en cuanto altura, recomendaría a partir de la fila 4 para verlo todo con perspectiva.

DSCN0947 (2)

Instantánea del espectáculo de Lorenzo

Para ser la primera vez que asistí al SICAB después de tantos años queriendo ir salí encantada y repetiría sin dudarlo, aunque ya se sabe, para gustos, los colores.

Me despido dejándoos el catálogo promocional de este año que si sois amantes de este precioso animal disfrutaréis con mucho gusto y tal vez os anime a visitar el SICAB el año que viene:  Catálogo SICAB 2017

 

MICROMOMENTOS #2

Libretas empolvadas con mil historias empezadas y con miedo a recorrer; yacen hoy en mis manos los sueños que un día nos contábamos sin llegar a envejecer. Cómo el madurar nos hizo pequeños valientes y cobardes del azar. Tú, en la distancia, a veces infinita, lamentas los reflejos de tu ego que hablaron sin razón dejando en mil pedazos este ingenuo corazón.

Blind thoughts

A menudo me pregunto por qué nos empeñamos tanto en aparentar y menos en sentir lo que decimos y cómo lo decimos.

Supongo que nos hemos acostumbrado al “una imagen vale más que mil palabras” y más de uno se lo ha tomado al pie de la letra, plagando de momentos su cuenta de Instagram o Facebook. Muchas fiestas, muchos viajes, muchas sonrisas profident, muchos párrafos escritos para decir “te quiero”, etc. Qué bonito todo y qué bien se ven, ¿verdad? Envidiable.

Lástima que detrás de cada muestra de jolgorio al mundo virtual no se vea un trocito del backstage real: cenas en las que hablan más los platos y los cubiertos al rozarse que los propios comensales; caminatas que dejan los pies llenos de ampollas, pérdidas de trenes o dinero para inmortalizar una postal de carne y hueso; convivencias 24/7 que desgastan las parrafadas; luchas de egos… Cómo cambia el cuento con una pizca de realidad, ¿eh?

Por desgracia, la televisión, las redes sociales, las modas o la tecnología en general han hecho del ser humano un ser influenciable. Una persona que antes podía con un saquito de paja y le daba igual vivir en su granja lejos del mundanal ruido, pero feliz, ahora al salir de su zona de confort le hacen sentir inferior por no estar al día, ni ser igual a los “robots” en los que nos estamos convirtiendo: conversaciones triviales, patrones de conducta previsibles, lo material frente a lo esencial.

¡¿QUÉ NOS ESTÁ PASANDO?!

¿Por qué nos estamos volviendo tan crueles? ¿Por qué evolucionamos tecnológicamente y sin embargo parece que retrocedemos en el ámbito social? ¿Acaso nos olvidamos el manual de instrucciones de la vida dentro del cordón umbilical? ¿Por qué no contrastamos la información que nos regala un titular o una imagen? ¿Realmente tenemos tan poca actitud crítica como para creernos todo lo que vemos sin analizar el contexto?

Demasiadas preguntas, creo. No sé si seré capaz de resolverlas a lo largo de mi vida, pero dicen que hay una época de preguntas y otra de respuestas, pues bien, está claro cuál es la que nos ha tocado de momento.

Como dijo aquel pequeño Príncipe, lo esencial es invisible a los ojos. Una fotografía o una frase en un estado podrán inmortalizar un momento concreto, pero eso no se vive, no se siente, no se disfruta… para vivirlo hay que vivir (valga la redundancia), hay que dejar a un lado las distracciones y disfrutar de lo que tenemos delante: una conversación, una mirada, un beso, un abrazo, una pasión desenfrenada, unas lágrimas… PUREZA.

Eso es lo bonito, lo real, lo que no necesita maquillaje ni filtros, lo que llega sin necesidad de hacer ruido y que acaba instalándose en el corazón para hacerlo sonar al ritmo del trombón. Los prejuicios, la culpabilidad, el rencor… no nos dejan ver más allá de una simple postal, no cesan en enturbiar la realidad para hacer todo más complicado de lo que en realidad es.

Sentirse libre con uno mismo y con los demás, libre y feliz, no necesitamos nada más…

 

Amen, sin tilde.  

 

¿Y si…?

17 de agosto de 2017

Un día como otro cualquiera hasta que el mundo se detiene a las cinco y media de la tarde cuando empiezas a recibir noticias de que una furgoneta ha arrollado a varios viandantes en las Ramblas de Barcelona.

Poco a poco se va ampliando la información y conociendo los detalles… un nuevo ataque terrorista. Inevitablemente el desconcierto y el miedo ante la vulnerabilidad nos hacen cuestionarnos todo: ¿por qué? ¿hasta cuándo? ¿qué podemos hacer? (…) Desgraciadamente no son hechos aislados en el sentido de que a diario en diferentes partes del mundo se sucede la barbarie, pero el ser humano está tan ocupado mirando su propio ombligo que hasta que no le sopla el viento en la cara no es capaz de levantar la vista para ver qué sucede a su alrededor.

Triste, muy triste que estés disfrutando de un paseo pensando en si encontrarás esas zapatillas en tu tienda de deporte favorita o si la cita a ciegas que te prepararon tus amigos saldrá a pedir de boca y de repente… en un segundo se te escape la vida… O tal vez, ese día se te olvidó coger las llaves del coche antes de salir de casa y volviste a entrar y esos cinco minutos de contratiempo te salvaron la vida.

Pero… ¿y si te toca? ¿y si ese día te despiertas pensando en que puede ser un gran día o amaneces con esa cara de gruñón porque el despertador no ha dejado de sonar y aún así llegas tarde y lo único que quieres es correr para evitar que tu jefe te eche la bronca? ¿y si deja de importar si llegas tarde o no porque algo interrumpe tu rutina de forma desagradable y todo se detiene, y tal vez, para siempre?

Hoy en día con las redes sociales empleamos tanto tiempo en intentar transmitir en vivo la función de nuestra vida que nos olvidamos de vivirla. Cuando ves que niños pequeños estaban en el momento equivocado en el lugar de un infortunio de unas magnitudes como estas, te replanteas si de verdad estás viviendo la vida que quieres vivir y si realmente el mundo se parase para ti, ¿estarías satisfecho con lo vivido?

Cuántas conversaciones habremos dejado reproduciéndose en nuestra cabeza por miedo a que el temblor de nuestros labios provocara una interacción inesperada en nuestros interlocutores. Cuántas discusiones absurdas que se podrían haber evitado si nuestra cabezonería no nos hubiese nublado la razón. Cuántos sueños por cumplir. Cuántos besos y abrazos que sentimos que no dimos con suficiente intensidad por estar acostumbrados a vernos a diario. Cuántas canciones que sonaban en la radio que se quedaron esperando una dedicatoria… Cuántas cosas… cuánto amor… cuánta vida…

Pero la verdad es que nadie se olvida aunque no esté físicamente con nosotros si sigue vivo en nuestros corazones. Y a pesar de todo, las lecciones de vida y las ilusiones de seguir adelante que transmitían vuestras ganas de vivir son los motivos por los que merece seguir sonriendo a la vida y ganar la batalla al odio con muchísimo más amor.

La rapidez de los cuerpos de seguridad, nuestra sanidad pública y la solidaridad de nuestro país, son el claro ejemplo de que tenemos más cosas que nos unen que las que nos desunen y que ante la adversidad somos los primeros en darnos la mano dejando las diferencias atrás. ¿Por qué esperar a una catástrofe para dar ejemplo? ¿Por qué no engrandecer lo que nos une y dejar a un lado las polémicas que no nos llevan a nada más que a conversaciones de besugos?

 

Juntos, molamos más.

 

Todo mi apoyo a los familiares de las víctimas y a la ciudad de Barcelona. Gracias eternas a los que velan por nuestra seguridad y a los que nos cuidan. #NoTincPor 

10425448_10204050187916001_535878675456406405_n

Plaça d’Europa, 2014

Boomerang

Un día decides cerrar un libro lleno de recuerdos y con diversos personajes; protagonistas de varias historias a los que intentas sellar en el olvido. Sin embargo, al cabo de un tiempo, ese libro recae en tus manos sin previo aviso…

Cuántas veces nos habremos despedido de una persona pensando en que sería la última vez que os veríais y de repente un simple ‘hola’ salió de vuestras bocas al reencuentro. Ya no sólo se trata de un ser querido, hablamos de otra situación… Personas que en el pasado fueron muy importantes o parecieron serlo y de la noche a la mañana salieron de tu vida dejando un puñal tras su marcha, personas que escribieron un capítulo con final feliz, para acabar cerrando el libro con tachones y borrones.

Un libro que lanzamos al vacío en un momento de calentón y desesperación, y que vuelve a nosotros como si de un boomerang se tratase. Todas esas historias que dimos por terminadas, vuelven a la portada de nuestra vida, a pesar de que aparentemente no haya sitio para ellas, pero se lo buscan.

Probablemente el desconcierto se apodere de ti los primeros días y no sepas cómo reaccionar ni con qué finalidad ese libro vuelve a la estantería de tu vida. Dicen que cada persona tiene una lección que enseñarnos en la vida y que cuando cumplen con su cometido, pueden irse libremente, pero ¿y si todavía no aprendiste esa lección? ¿Y si tienen algo nuevo que enseñarte?

Bailemos entre las líneas, mimemos el poder que tienen las palabras y disfrutemos de la redacción más emocionante de nuestra vida: la magia de los protagonistas y antagonistas.

Micromomentos #1

Se sentó en aquella parada esperando al tren que lo transportaba a su rutina todas las mañanas. Se escuchaban los lamentos de un violinista a través de las cuerdas frotadas con mimo. Y entonces… esa melodía, esa canción que cambió el color de la estación… cuando su memoria empezaba a poner cara a las sombras de aquellos sueños que se repetían constantemente, una voz evitó el descubrimiento: “…va a efectuar su salida en unos minutos”.

Vértigo

Asusta lo rápido que pasa el tiempo… No hace falta echar la vista mucho tiempo atrás, sino darnos cuenta de en qué punto estamos ahora mismo. Cuando despedimos un año, al principio nos cuesta un poco cambiar el chip, pero de repente, los días empiezan a sucederse unos a otros y acabas sin darte cuenta en mitad de año y con los propósitos todavía escritos en un papel, pendientes de concesión.

En tan solo un pestañeo, tu vida no ha dejado de girar. Te empeñaste en conseguir todas tus metas, en seguir creciendo, en no mirar atrás ni para coger impulso… y, ahora que llegaste a la cima, te das cuenta de que te olvidaste lo más importante: la bandera.

La seña que coronaría la cima de tus éxitos, el adiós a tus miedos y la bienvenida a tu nuevo “yo”. Sin embargo, el simple hecho de mirar hacia abajo para ver si eres capaz de localizarla, hace que empieces a temblar… una sensación de peligro e inseguridad inundan tu cuerpo y no sabes cómo reaccionar. Estabas tan ocupado cumpliendo tus objetivos que no fuiste consciente de lo que realmente conllevaba todo aquello: Vértigo.

Te sientes al filo del abismo, crees no ser capaz de haber hecho todo eso en un abrir y cerrar de ojos y tan sólo el pensar en lo que viene después, te aterra. Sientes que no estás preparado, que todo te viene grande, no ves la salida de emergencia, no hay nadie…

¿Y ahora qué?

El tiempo no se para, tus decisiones fueron firmes. Dejaste atrás miles de oportunidades para coger cientos de otras. Pero, ¿realmente pensaste en las consecuencias?, ¿pensaste en todo lo que eso implicaba? La respuesta es simple: no.

A veces, intentamos mantener nuestra mente ocupada para no vernos asfixiados por los problemas que nos rodean y las situaciones complicadas; parece que las afrontamos, pero en realidad al estar con la mente en otra cosa, pasan desapercibidas. Y de pronto, cuando la calma vuelve a tu vida, tu organismo no lo soporta y se colapsa… Perdiste el control.